The Elusive Kaperucito Autumn Tour 2014 – The Vasque Leg.

Dice David que bebo y como igual que un vasco, y que debí ser uno en otra vida. En las dos primeras coincido, ya que ingiero comida y cerveza como si fuese una adorable plaga bíblica de 167 cms de estatura; de lo último tengo mis dudas. Ya que el arrojo, la decisión y el “a ver quien la tiene más grande” no son precisamente rasgos definitorios de mi carácter.

Aun así, me encanta que me lo diga. Yo siempre he sido muy Euskal-fílico y en general casi todo lo relacionado con el País Vasco me encanta; Me gusta el rollo como sanote que tienen todos los vascos que conozco, que son muchos, y me encanta que sea todo tan verde y tengan tan cerca el mar, y tópico bla, tópico bla…

Llegué a Bilbao el lunes por la noche. El plan original en realidad era llegar el jueves y pasar sólo el fin de semana, ya que David tenía que trabajar. Pero me dijo que, para quedarme haciendo el couch-potato en Madrid, lo hacía en Bilbao y por lo menos, cambiaba de aires. Yo, que estaba con mi mood “hiperactividad vacacional” a muchas revoluciones, acepté raudo y veloz.

Busqué un Blablacar para el lunes por la tarde, para irme después de clase, y esta vez me tocó un chófer musculado digno de ser el tronista más pintado y un yogi que había dejado su vida oficinista para dedicarse a la iluminación (del espíritu, no se hizo vendedor de bombillas) y hacerse maestro de yoga. Ni qué decir tiene que fue un viaje mucho más ameno que el de Albacete. Hacia la mitad, los dos empezaron a explicarse mútuamente sus técnicas y estrategias para ligarse a las titis y llevárselas al catre. Todo lo que escuché me hizo sentirme profundamente afortunado por ser un miembro del Club del Pepino y me confirmó lo elementales que podemos llegar a ser los hombres para según qué cosas.

Casi a medianoche me dejaron junto al edificio del ayuntamiento y llamé a David. Había muy poquita gente por la calle y la brisita de la ría y un aire limpio y agradable corrían por la calle. Y en cinco minutos vi a David, sus pelitos de punta y sus barbas de ayudante de Santa Claus bajando la calle y saludándome desde la otra punta, dando saltos.

David es uno de esos contadísimos casos de gente conocida a través de una app de ligoteo marijose que se ha convertido en muy buen amigo, además, de una manera rapidísima. Y sin embargo ahora somos como hermanísimos queridos. Ha sido una especie de super-conexión interestelar sin fornicio de por medio.

Además, tiene una casa que es una preciosidad: Captura de pantalla 2014-10-28 a las 9.48.45

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Lovely, huh?

Es un campanario que él mismo rehabilitó y arregló. Lo ha convertido en una casita adorable de dos pisos, con el dormitorio arriba. Por el aspecto, cualquiera diría que es el piso de la típica mariquita insoportable —yo lo diría—. Pero no, David es la cosa más de andar por casa y adorable que puedes encontrar; siempre sonríe, disfruta cada cosa buena de la vida y asume las malas sonriendo y diciendo “¡sin más!”. Yo quiero ser como él de mayor, o ya mismo.

Nuestra agenda de lunes a viernes consiste en:

  • Nos levantamos.
  • Preparo el desayuno mientras él se ducha.
  • Desayunamos escuchando la radio.
  • Él se va a trabajar, algunos días me quedo en casa y después de zanganear un poco, salgo a dar un paseo o voy a la playa, otros días me deposita con el coche en algún sitio, paseo y por la tarde nos reencontramos para salir de pintxos y cervezas por la preciosa Bilbao.

Y es que Bilbao es preciosa. El recuerdo que tenía era de la última vez que estuve aquí; fue para el funeral de mi tío Marcelino, terrible razón. Recuerdo que mi primo Marce nos sacó a pasear a mi hermana y a mí para que viéramos Bilbao y el Guggenheim, que acababan de inaugurarlo. Yo debería tener unos 13 años. Recuerdo la confusión; Recordaba a mi primo el día de antes, llorando delante del cuerpo de su padre, en un pasillo de la casa de mi tía. Y ahora, al día siguiente, estaba haciendo un esfuerzo por enseñarnos Bilbao, y actuaba como si nada. Una parte de mí comprendía esa estoicidad; el orgullo y la entereza de los Macarro. Los conozco bien. La otra seguía sin entender nada. Con los años acabé entendiendo que probablemente él necesitaba el paseo más que nosotros. Descubrir una ciudad nueva. Una ciudad en la que su padre ya no estaba.

Todo eso hacía que tuviera un recuerdo borroso, gris y extraño de Bilbao. Pero ahora mola; encuentro que es una ciudad preciosa, los vascos son gente amable y guapa. Yo duermo, paseo, bebo, como, me divierto y me preocupo de poco más. Quizá me despreocupo demasiado, pero ahora simplemente estoy fluyendo, como el agua de la ría.

Una de las cosas que hago más es precisamente vagabundear por la ribera de la ría, mordisqueando alguna fruta, sentarme y mirar a la gente que pasa. Con todo y con eso, paso bastantes horas solo, y cuando eso ocurre, tiendo pensar demasiado y no siempre de la manera más idónea. Pero sigo dejándome fluir.

El fin de semana, tenemos más tiempo para hacer una versión extendida de todo lo que he hecho durante la semana yo solo: Hacemos excursiones al monte, a la playa, vamos a pueblos enanos y preciosos, vemos una obra de teatro, tomamos más pintxos y zuritos, pollo asado, pizza y peli durante una noche de diluvio, vemos una competición de cortar leños y levantar piedras. Realmente hemos conseguido estirar el viernes y el sábado como si tuviéramos un giratiempo.

El domingo nos levantamos y limpiamos la casa escuchando Radio Nervión y su programa de los domingos: EL DESCUBRIMIENTO. El programa de los domingos de Radio Nervión, lo conduce Joseba Solozabal, un señor que es como un ídolo de señoras y que a veces, él mismo parece una señora. Pone música buena, muy buena. Música buena del tipo escuchar en una mañana a Anabel Conde, Mocedades, Bonnie Tyler y Yuri, ese tipo de música buena. Y se alterna con llamadas de los oyentes para hacer “denuncias”: Una señora que llama para saber si ha de denunciar a su vecina que le tira migas en el tendedero, un señor que se ha hecho pis encima porque no hay baños en el metro de Bilbao, una señora que ha recuperado su perro con un kilo y medio menos de peso gracias al llamamiento de Joseba. Una delicia. (Podéis escuchar a Joseba en la web de Radio Nervión este domingo, no os arrepentiréis).

Después salimos a tomar unos pintxos y unos zuritos para comer, los últimos de esta visita. Paseamos y charlamos hasta que llega la hora de coger el Blablacar de vuelta a Madrid. Nos damos un abrazo y me meto, junto a una mujer y una chica bilbainas que trabajan en Madrid, en el coche de una musculoca sevillana fan de Madonna. Y cada vez me siento más triste.

Llego a Madrid, cojo el metro y luego el bus para llegar a casa. Y ahí está: el vacío después de la euforia, mezclado con el síndrome post-vacacional y el exceso de tiempo para pensar, de nuevo. Triste porque echo ya de menos Bilbao y a mi amigo, pero me dejo fluir, me prometo obligarme a volver pronto y me digo “¡Sin Más!”. Captura de pantalla 2014-10-28 a las 11.07.27

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17 comments

  1. jalopgui · octubre 29, 2014

    ¡Qué pedazo de viaje!

    De la manera en la que lo has contado entiendo perfectamente el síndrome post-vacacional que sufriste. Totalmente lógico vaya!

    Por cierto, a mi también me ha gustado, y muucho, la filosofía de tu amigo David. Creo que deberíamos decir unas 10 veces al día “¡Sin más!”. Seguro que viviríamos mucho más tranquilos 🙂

    • kaperucito · noviembre 1, 2014

      David es Pitufo Filósofo reencarnado. 🙂 Me alegra que lo haya transmitido bien bajo tu criterio, to siempre pienso que escribo pufos infumables. Gracias!

  2. Silvia · octubre 30, 2014

    Esa rutina de ver pasar gente mientras se mordisquea un melocotoncillo terminará siendo declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, ya verás.
    (Oye, mándame a David a Granada para que me redecore la cajita de cerillas donde vivo)

    • kaperucito · noviembre 1, 2014

      Pues le puedo preguntar tarifas. In fact, él es decorador pro, así que, oye, nunca se sabe. Unas tapitas, un te llevo por aquí o por allá cerquita de la Alhambra… 😛

  3. XaviMB · noviembre 1, 2014

    ¿En serio representa que esa casa es de típica mariquita insoportable? Porque a mí me ha gustado bastante, es impresionante.
    Lista de cosas a las que aspiro en la vida; Nº 37: tener una casa de típica mariquita insoportable.
    Ánimo con el síndrome post-vacacional. Saludos!

    PD: Yo también pertenezco al grupo de personas que beben cerveza como si fuera agua. ¿Tenemos un problema?

    • kaperucito · diciembre 14, 2014

      Es una monada de casa! Quizá debería retirar lo de mariquita insoportable, soy malvado…

      No sé si tenemos un problema, pero de momento yo no me retiro!

  4. Pensadora · noviembre 6, 2014

    Mola la casa de tu colega, mola tu blog y mola el País Vasco.

    Corroboro que los vascos molan también porque estoy casada con uno. ¡toma ya!

    Con permiso me quedo un rato a darme una vuelta.

    Salud!

    • kaperucito · diciembre 14, 2014

      Oye! pues a ver si me presentas alguno así apañado, no ? 🙂

      BIenvenida

  5. bal · noviembre 9, 2014

    me encanta como escribes, tan ameno y divertido..

    • kaperucito · diciembre 14, 2014

      Muchas gracias! Espero ver más comentarios por aquí! 🙂

  6. setmeravelles · noviembre 10, 2014

    Cada día mola más y más Bilbao. Sí, llueve mucho, pero ningún sitio es perfecto…pero es los pueblos que molan de Euskadi.

    • kaperucito · diciembre 14, 2014

      Bilbao es AMOR. Allí sería feliz.

  7. eeyore · diciembre 2, 2014

    Hola! ¡Me gusta mucho como escribes! Euskadi es muy bonito y cierto es que se come muy bien así que de plaga nada. Menudo pisazo el de tu amigo…que por cierto es muy mono (el piso y él :P).

    • kaperucito · diciembre 14, 2014

      Piso y amigo monos son!

      La plaga bíblica soy yo y me temo que lo seguiré siendo siempre que vaya, jajaja!

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