Certezas.

Chumina se ha subido a mi lado en la cama y se ha puesto a mirarme. Con una mirada entre vigilante y solicitante. Me he puesto a rascarle el lomo y enseguida se le han empezado a entrecerrar los ojos y se ha tumbado.

Ahí está, una criatura viviente, sintiente; tranquila y relajada, quedándose frita. Y su tranquilidad y bienestar son mi responsabilidad. la vida de una criatura es mi responsabilidad. Y no solo una, sino dos.

A veces pienso que Sookie y Chumi son las dos únicas certezas en mi vida. Entro y salgo, trabajo, hago las mil cosas que se supone que tengo que hacer para no dejar a la cabeza divagar, para comer bien, para estar en forma, para alcanzar metas, para ser más feliz. Entro y salgo, trabajo, cocino #RealFood, entreno, estudio japonés, intento aprenderme una canción al piano. Entro y salgo, trabajo, compro libros en Amazon sobre meditación, mindfullness, minimalismo, independencia económica, calidad de vida y me los leo antes de acostarme. Entro y salgo, trabajo, voy en el metro y aprovecho para estudiar, para leer más, para beberme mi medio litro de té verde, para subir por las escaleras en lugar de coger las automáticas. Entro y salgo, trabajo, vuelvo y cocino tuppers para toda la semana, de comida saludable, planifico comidas, compro en Amazon cacharros para hacer, cortar, rallar, machacar, trocear mejor. Compro mi cesta quincenal de verdura ecológica. Porque si entreno, como bien, estoy activo, evito las mierdas y cultivo el cuerpo y el espíritu, tendré más papeletas para torear al cáncer que se ha follado a tres cuartas partes de mi familia. Entro y salgo, trabajo y por las noches hago mi rutina de cepillo de dientes, seda dental, cremas, tónicos y exfoliantes, porque es mi momento para cuidarme, y después escribo en mi Bullet Journal cómo fue el día y organizo el siguiente.

Y muchos días no entreno, o no cocino, o no estudio, a veces inluso trabajo desde casa, porque no me da para echarme a la calle, a empujarme a mí y a otros en el metro, para no llegar nunca.

Y haga lo que haga, ahí están ellas dos. Mis dos certezas. Levantándome de la cama pegando brincos encima de mí, vigilando todos mis movimientos y pidiendo que les rasque la barriga (Chumi más que Sookie, que es un espíritu libre). Y con sus tres paseos, que yo creo que son los tres únicos momentos del día de completa desconexión y estar presente. Con ellas, caminando los tres.

Me gusta aislarme con ellas, pasarnos el día tirados rascándoles la barriga y escuchándolas suspirar y estirarse. Mirarlas cuando juegan en la cama y creen que no las estoy mirando desde el salón como el padre de perros histérico que soy.  Cuando vuelvo del trabajo y me tumbo con ellas 10 minutos a que me den la bienvenida, y los paseos. Lo mejor del día.

Desde que Fran cortó conmigo, ando un poco como en tierra de nadie y lo que menos tengo son certezas. Ni de lejos estoy culpándole, está bastante claro que aun sigo bastante deprimido. Pero no sé, de repente las incertidumbres se hacen más y son más palpables. Y se me mezcla un poco la crisis de la mediana edad, con la crisis habitacional, con la crisis vocacional, y la crisis de moriré-soltero-y-devorado-por-duendes-del-polvo, y cada vez soy un poco más ermitaño y me apetece menos hacer nada.

Pero eso a ellas les da un poco igual, entrene, no entrene, estudie o no, me beba 37 ó 0 litros de té verde, siguen ahí, observándome, lanzando suspiritos y quedándose fritas a mi lado mientras escribo esto. Y al menos sé que, entre tanta incertidumbre, tengo dos certezas en mi vida.

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Felisa

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La vida de Felisa no fue fácil. Fue, como muchos de los de su generación, una de esas niñas que tuvieron que empezar a trabajar con poco más de 10 años y que tuvieron que irse fuera de casa poco antes de cumplir los 15. Apenas fue al colegio y tuvo que aprender a leer y escribir por su cuenta.

A veces tengo la sensación de que la conocí cuando ya se había desencantado de la vida.

Felisa apenas se permitió tener lujos, caprichos o se dio atención a sí misma durante el tiempo que la conocí. Quizá el único capricho que se dio fue el tabaco. Kaiser. Ese tabaco negro que tanto odié y que tan compulsivamente fumaba, casi uno detrás de otro.

Era orgullosa, mucho. De ese orgullo un tanto insano; el que no te permite reconocer un error o pedir perdón. Esa es una de las cosas que menos me gusta haber heredado de ella. Estoy consiguiendo corregirlo, aunque me ha llevado casi 30 años hacerlo.

Siempre caía bien, y tenía el don de ser muy divertida, con todo su amargor. El amargor que conocíamos los que vivíamos con ella. En su capilla ardiente recuerdo a mi prima Natalia llorando desconsolada mirando a través del cristal. A mí me conmovió mucho; ver a una niña de apenas 15 años llorando así por su tía. Mi tía me dijo “quería mucho a tu madre”. Esa era una de sus virtudes, se hacía querer.

Supongo que es algo que nos pasa a casi todos, ¿no? Tu madre tiene el don de sacarte de quicio y sin embargo, a todos tus amigos les cae bien y tú no entiendes nada y te cabrea. Y luego ves lo bien que te caen los padres de tus amigos y lo mal que ellos les tratan y te sientes incómodo y violento. Porque no entiendes que les traten así y porque te das cuenta de que tú tratas igual a los tuyos. Luego pasan los años, las piezas encajan, te haces mayor, entiendes lo que eras como adolescente y entiendes que tus padres simplemente lo hacían lo mejor que podían. Y por eso tu madre caía bien a tanta gente.

Y eso te lleva a preguntarte cómo te llevarías ahora con ella si estuviese viva.

Cuando le dije que era gay, le jodió. No le hizo gracia. Era muy conservadora y ya lo dije: muy orgullosa. No iba a permitirse mostrar debilidad; Su respuesta fue “¿y a mí qué?” Como si no fuera con ella. Luego, en Nochebuena, invitó a “mi amigo” a pasar la noche con nosotros. Así era ella, era su manera de mostrarte que en el fondo, te aceptaba y te quería como eras. Tenía esa forma silenciosa de decirte “ya estamos bien”.

Quizá ese amargor que conocimos venía derivado de todos esos sacrificios y de privarse de tantas cosas: Nunca cogió un avión. Nunca viajó fuera de España. Apenas vio el mar. Siempre se vestía con nuestra ropa cuando dejábamos de ponérnosla. Al final quizá se creó una burbuja, con su casa, sus tareas, su tabaco y su día a día. En la que su orgullo le impedía dejar entrar a nadie y en la que nuestro orgullo nos impedía querer entrar. A veces parecíamos 5 desconocidos bajo el mismo techo.

Por eso nunca supe qué se le pasaba por la cabeza cuando le diagnosticaron el cáncer hace 18 años. Había enterrado a su padre y a su hermano, por culpa del cáncer. Cuando 3 años después empezaron a venir los paliativos a casa la escuché decirle por teléfono a su amiga Jacinta “están viniendo los paliativos a casa, eso significa que ya no hay nada que hacer”. Soltando una risita apagada, intentando darle la mayor levedad posible a lo que acababa de decir. Felisa, siempre sacrificándose, siempre dejándose a sí misma para el final, siempre ocultando el dolor.

Eso es algo que también hemos aprendido muy bien de ella.

Yo tenía 18 años y estaba muy atolondrado cuando le diagnosticaron su cáncer de mama. Yo sí estaba dándome caprichos y poniéndome el primero en la lista. No fui muy consciente de todo, la verdad. Tampoco sé muy bien hasta dónde me estaba permitiendo serlo.

Cuando Juan me dijo que no quería tener nada serio conmigo me derrumbé. Me mandaron del trabajo a casa porque sólo lloraba y lloraba. Ella entró en mi cuarto, con su cigarro, se quedó de pie, abrazándome mientras yo seguía llorando sentado en mi cama. Me preguntó qué pasaba, le dije que mi novio y yo habíamos roto.

— “¿Tiene remedio?”

— “no”

— “Pues lávate la cara y ven a la cocina a ayudarme a cortar judías” (otro movimiento silencioso, marca de la casa).

Después, cuando fuimos al médico y le dije que no podía dejar de llorar, ella le explicó que le habían diagnosticado un cáncer, que no creía que fuera a curarse y que yo era muy joven. Yo me avergoncé.

Era uno de esos pocos momentos en que mi madre se permitía bajar la guardia, por mí. Y yo estaba ahí, permitiéndome perder los nervios por un tío.

Luego, tuve que cuidar de ella y tomé toda la consciencia que se puede tomar de la enfermedad. Toda la consciencia que te puede dar tener que hacerte cargo de la casa, tener que ayudarla a ir al baño, tener que ayudarla a caminar cuando ya no podía, o tener que vestir su cuerpo muerto cuando venían del seguro para llevársela al tanatorio.

Un intensivo de consciencia.

Felisa tuvo que padecer la enfermedad que mató a su padre y su hermano. Estando enferma tuvo que meter a su madre demenciada en una residencia y probablemente tuvo que asumir que esa había sido su despedida. Las dos enfermas y dejándose atrás para quizá, no volver a verse. Felisa No conoció a sus nietos, no fue a la boda de su hija y tuvo que marcharse de este mundo sin haber llegado a los 60.

Hace años cogí el coche y fui con Miguel al pueblo. El pueblo en que nació y se crió y en el que mis hermanos y yo pasamos todos nuestros veranos. Desde que la abuela fue a la residencia la casa había estado cerrada, durante muchos años. El tejado se estaba viniendo abajo. Pero quería entrar y ver cómo estaba todo. Las telarañas se habían adueñado de los rincones, los cuadros y las fotos seguían ahí, cubiertos de polvo, todo parado en el tiempo. Pasé al baño y ahí encontré el bote eterno de laca Nelly de mi abuela y un cenicero. Un cenicero con una colilla, una colilla de Kaiser, inmaculada, entera, y me eché a llorar.

Por lo irónico y lo macabro que puede ser que una colilla que no se ha alterado en más de 10 años te de un bofetón sobre lo temporal y breve que es la vida, sobre lo que puedes echar de menos a una persona, hasta a su odioso tabaco, y sobre cómo nuestras vidas siguen y siguen y caminamos hacia adelante, aunque nuestros recuerdos puedan estar anclados a una casa, o incluso una colilla.

Un beso, mamá.

Lo mejor de enero y febrero 2018.

¡Hola queridos cuatro lectores!

¿Qué tal?

Hoy vengo aquí a hablar de mi libro a contaros algo que llevo un par de meses queriendo hacer pero al final no he hecho, así que os lo pongo aquí comprimido en un .zip de las cosas que más me han gustado estos dos meses.

La idea la saqué de Lavendaire, una youtuber que tiene un canal de crecimiento personal. Estaba suscrito a su canal, aunque ya me borré porque me resultaba un poco cargante de más, jajaja, pero hacía una cosa que era resumir lo mejor de cada mes, las cosas que más le habían gustado, etc… Empecé a anotar en mi Bullet Journal todas las cosas que me gustaban cada mes, con la intención de contároslo. Así que bueno, aquí os van! Las de dos meses, 2×1 :).

Hábitos:

  • BULLET JOURNALING.
    Como muchos sabéis, empecé un Bullet Journal este año. Llevaba como dos años queriendo hacerme uno y nunca lo hacía, así que mi baja médica fue la excusa perfecta para ponerme a hacerlo aprovechando el tiempo en casa. El resultado está siendo muy bueno. Por un lado, el volver a la planificación y organización “analógicas” de alguna manera me está haciendo ser menos productivo y me está haciendo tener más presentes las tareas y lo que quiero hacer. Por otro lado, el hacerlo a mi gusto y escribiendo y dibujando todo desde cero está despertando la parte más creativa de mi cabeza que estaba oxidada. He vuelto a dibujar, retomado la música y aunque parezca de coña, en gran parte se lo debo al Bullet. Podéis ver fotillos del bullet en mi Instagram (lo tenéis linkado por aquí) y espero ir subiendo entradas sobre ello también aquí.
  • MORNING PAGES
    También en el canal de Lavendaire descubrí las Morning Pages. Básicamente consiste en tener un cuaderno en el que escribir 2 ó 3 páginas cada mañana. Lo que te venga a la cabeza, cualquier cosa. Se trata un poco de “vomitar” lo que tengas en la cabeza para arrancar la mañana con la cabeza limpia de ideas y la verdad es que, también funciona. Además tiene también algo de función de diario y es bastante guay releer pasajes.

Ropa:

Llevo un tiempo un poco obsesionado con intentar comprar productos lo más éticos y ecológicos posibles. Esto a veces es un poco problemático, porque no es fácil, pero poco  a poco voy encontrando tiendas que están muy bien.

Estos dos meses me he comprado pantalones de Capitán Denim y una sudadera de Two Thirds.

Ambas tiendas están en España (aunque las prendas de Two Thirds se hacen en Portugal) y promueven una producción local y ética. Yo estoy encantado con lo que he comprado. Me apliqué la máxima de que siempre que pueda, compraré como un rico y cuidaré como un pobre. Tenemos posesiones a montones, de calidad chunga y dudosa. Prefiero comprar artículos más caros pero que sepa que son de mejor calidad, respetuosos y éticos. Tener poco pero bueno. 🙂

 

Series y pelis:

De todas las series que he visto estos dos meses, os recomiendo:

  • Devilman Crybaby.
    Es un anime un tanto chungo y sangriento pero con una historia que te tiene enganchandito según van y van avazando los episodios. Muy recomendable.
  • 1 Million Yen Women.Este Thriller japonés es sencillamente buenísimo. Casi desde el primer episodio te tiene enganchado y no cae en las pasteladas de las que adolece muchas veces la producción televisiva japonesa. Se nota que es una producción propia de Netflix. Para mí un 10.
  • Grace & Frankie.
    Se estrenó la 4º temporada de esta serie a la que sencillamente adoro y no pude evitar devorarla, os la recomiendo a todos. Todo lo relativo a esta serie es una maravilla, los personajes, sus relaciones, las tramas. Jane Fonda y Lily Tomlin que están tremendas… Es una de mis series favoritas.
  • RuPaul Drag Race All Stars – Season 3
    No voy a decir nada más de RuPaul que no haya dicho ya. De veras, ved el programa.

Podéis ver todo en Netflix.

Libros:

Maus – Art Spiegel.

Sonso y Vane me regalaron este libro hace 10 años y hasta ahora no he sacado tiempo/me he acordado de leerlo. Llevaba mucho tiempo queriendo cogerlo, especialmente después del viaje a Polonia, y la verdad es que es una pasa, no me extraña que se llevase el Pulitzer.

Maus cuenta la historia de una familia polaca judía durante el holocausto nazi a través de las historias que el padre del autor le cuenta. No sé, desde que estuve en Polonia y especialmente en Auschwitz, en cierto modo siento aquello como muy cercano. Y leerlo me volvió a conectar con ese viaje, con todo lo que visité y sentí y me ha resultado muy emocionante.

Música:

Una de las cosas que más feliz me han hecho estos dos meses en lo musical es que POR FIN el catálogo de mi amada 宇多田ヒカル (Utada Hikaru) está disponible en Spotify España y ya no tengo que hacer malabares transfiriendo archivos entre iTunes y Spotify para escuchar su música en el móvil. (Viva y Bravo!).

Como soy un amor, os he creado una playlist para quien quiera darle una oportunidad.

Adicionalmente, si queréis saber qué es lo que más he escuchado en enero y febrero, aquí tenéis sus respectivas playlist:

Y bueno, si tengo que contaros canciones o discos con los que haya estado especialmente obsesionado:

  • Canciones:Diane Birch – The End.
    La Casa Azul – El Momento.
    Joan As Police Woman – Tell Me.
    Troye Sivan – My My My!
    TAEYEON – I got Love.
    Papaya – ¡Ay, Mujer!
    IU – Jam Jam.
    Nariaki Obukuro (小袋成彬) y Utada Hikaru (宇多田ヒカル) – Lonely One.
    Tinashe – No Drama.
    Kimbra – Human.
    Takkyu and Tavito – Konyadake.
    Mon Laferte – Antes de Ti.
    Cvrches – Get Out.
    Nathy Peluso – La Sandunguera.
    Ravyn Lenae – Sticky.
    A-mei Chang, Eve Ai y LaLa Hsu – 傲嬌.
    Belle & Sebastian – Poor Boy.
    Greg Laswell – What Do I Know?
    Tinashe – Faded Love.
    Frank Ocean – Moon River.
    of Montreal – Paranoiac Interval/Body Dysmorphia.
    Janelle Monae – Make Me Feel.
    Little Boots – Shadows.
    Mac DeMarco – On the Level.
  • Discos:‘Record’ de Tracey Thorn.
    ‘In Tongues’ de Joji.

Y de momento aquí lo dejo.

Hablamos prontito!