La Invasión de los Ultragays Homófobos

Como algunos sabéis, mi iMac ha muerto. Bueno, realmente no ha muerto, pero alguna de las piezas fabricadas a precio de pedo en China que se encuentran dentro de su estupenda carcasa diseñada en California ha decidido que hasta aquí ha llegado. Y por culpa del combo mortal resultante de la suma de mis horarios caquita, mi facilidad para procrastinar y el pánico al presupuesto del Servicio Técnico de Apple, aun no lo he llevado a reparar. Odio hacer nada desde el móvil, y ya ni hablo de redactar un texto de cierta extensión. Así que, por eso parece que he muerto en lo que a términos bloggeriles se refiere.

Pero no estoy muerto.

Dicho esto, el otro día leí esta noticia:

sta

419 Lb. Man Is Disqualified After Winning Mr. Gay UK.

En 2012, este buen hombre, harto de que pareciera un delito ser gay y pesar 200 kilos, se presentó a modo de queja al concurso Mr. Gay UK.

Y lo ganó.

Luego se enteró, leyendo la revista que organizó el sarao, que no, que no había ganado; que le habían dado el premio al segundo. De hecho, a él ni lo mencionaban, como si no hubiera pasado por el concurso. La revista que organizaba el concurso alegó que en la última prueba, el sensual desfile en calzoncillos, no había llevado el calzoncillo reglamentario de la marca sponsor. La prenda en cuestión no le entraba, así que se lo puso en la cabeza a modo de gorro, por lo que, técnicamente, sí que lo vistió.

A pesar de todo, a mí, esto de que el muchacho se presente a Mr. Gay Uk y gane, me es un poco como lo del Chikilicuatre yendo a Eurovisión, pero me ha recordado algo en particular de lo que llevaba un tiempo queriendo escribir.

Miguel siempre me decía que era un pesado con mi aborrecimiento profundo a La comunidad Gay y mi misantropía hipster. Y a mí me cuesta la vida explicarme, porque siempre tengo la sensación de que todo parece muy paradójico y que donde me digo acabo descidiéndome.

Aun así, intento darle sentido.

Yo, maricón entre maricones desde mi más tierna infancia, he aguantado desde crío ser el mariquita de la clase/cole/parque/barrio/insti/pandilla/parroquia/trabajo/inserte-aquí-su-centro-de-reunión-social, etc y convivir con las reacciones que ello suscita; que van desde el forofismo acérrimo y extasiado de algunos por tener un maricón en su órbita, hasta haber tenido que aguantar que me escupan o que me peguen por mi condición sexual.

Hasta aquí nada especial (tristemente), creo que casi todos los homosexuales hemos pasado por lo mismo a lo largo de la vida en mayor o menor medida. Y no hay afán alguno de victimismo en mis palabras; Me siento muy afortunado por ser homosexual y creo que es una de las mayores bendiciones que me han podido ocurrir. Es una suerte pertenecer a un colectivo que lucha por el derecho a amar, porque es muy bonito y porque siempre conseguimos hacer una celebración de cada victoria y de la lucha en sí.

Lo que me genera malestar es la deshumanización de las relaciones y de casi todo. Que sí, que no es exclusivo del mundo gay, que vivimos en la era en que felicitas los cumpleaños porque te lo recuerda Facebook. Pero a mí me asusta un poco y me cabrea un mucho.

Desde que Miguel y yo dejamos de estar juntos y tras pasar el luto oficial y los meses de querer de morirme, empecé a notarme pez en todo lo concerniente a ligar o tener acercamientos de carácter erótico-festivo o romántico a cualquier cosa bípeda con pene y capacidad de habla (o de tecleo).

Esto no era una novedad, y es algo que me ha pasado de siempre. Esta especie de malestar con el cómo funcionan las cosas pero a la vez dejarte llevar por la operativa; Es como aborrecer los pantalones de pitillo porque te parecen una abominación y acabar comprándotelos porque parece que no se vende otra cosa y los lleva todo el mundo.

Y yo cuento todo esto porque me ofende, me cabrea y sobre todo, me entristece y me da mucha pena.

Que la comunidad gay, que siempre ha peleado por el derecho a ser lo que uno es, la auto-determinación y la pluralidad, se esté convirtiendo en un reflejo del tan sobeteado heteropatriarcado y que al final esté pasando todo y a todos por el mismo tamiz y por el mismo aro contra el que, supuestamente, tanto hemos luchado.

Los gays somos hombres altos, fuertes, musculados, con un poder adquisitivo alto, y nos vestimos, peinamos y depilamos a la última. Este es el esterotipo fácil que se vende siempre de la comunidad gay y no sé si me aberra más la parte que así lo confirma o la que intenta combatirlo.

Basta un vistazo a cualquier aplicación o página de contactos para gays para ver cuáles son los reclamos:

Masculinidad: Tener pluma, ser afeminado, no parecer un cortador de leños del Canadá… Todo eso es pecado, está mal, es abominable. Todos conocéis el discursito ese de los heteros de “hombre, tú eres normal, pero es que hay algunas locas que tal y cual”, pues bueno, ahora lo tenemos hecho en casa: El marica del nuevo siglo es masculino, y si no lo es, se lo hace. Ahí está cierta discoteca que se anuncia como la de “los hombres de verdad” llena de machas drogadas hasta las cejas, restregándose las tetas y creyéndose el adalid de la masculinidad, porque tienen tetas grandes y se hacen fotos con cara de cabreado. Y todos los “masculinos” de las páginas de contactos colaborando a seguir creando una división; a que haya maricas de primera y maricas de segunda, por el mero hecho de ser más o menos masculinos (además de lo ridículamente subjetiva que puede llegar a ser la masculinidad de alguien).

Músculos: Vuelvo a lo mismo, abre cualquier app y disfruta del desfile de tetas, brazos, espaldas, muslos, y demás bultos que se puedan enseñar. Si quieres aspirar a algo en el mundo marica, nena,  al gym. Porque todos dicen que les gusta “el deporte”, pero realmente, son pocos los que conocen algún deporte más allá de las 4 paredes del gym (o el box de Crossfit). Pero no te preocupes, porque si no tienes músculos o estás un poco fondón, puedes ir a los garitos de osos, porque lo de seguir segregando, separando, y auto-marginando está muy bien y así no tienes que sentirte mal si no puedes ir al local de las machas.

Pollones: Las páginas de contacto gays tienen un bonito apartado en el que puedes poner cuánto te mide la polla, y si es gorda o no. No hay que andarse con miramientos. Y yo me quedo perplejo con la media nacional española. ¡En esa medición no hubo ni un manflorita! ¡Discriminación! ¡Varones del país, por favor, salid a las calles y pedid que en la próxima medición solo midan penes gays! ¡Porque estaremos por delante del Congo, de Ghana y de Namek! Oye, todo es de L a XL tirando para arriba. Deberián dejar de estudiar si el gay nace o se hace y estudiar qué pasa en nuestro cuerpecito para que durante la pubertad nos crezca una tercera pierna entre las otras dos, somos unos maricones con suerte.

VIH- : Aquí sólo tengo que decir que me parece una abominación que haya un apartado para que informes de tu estado VIH y que directamente lo prohibiría.

Diversión sin compromiso: Aquí hemos venido a follar y si te he visto no me acuerdo. En absoluto soy Bridget Jones  y no voy llorando por los rincones pensando en casarme, pero me asusta cuánto miedo a comprometer las emociones disfrazado de independencia, eficiencia, solvencia o llámalo como quieras, te encuentras por el camino. Cómo, el sexo, que es, probablemente, el acto de mayor intimidad que tenemos, se utiliza como moneda de cambio para conseguir algo de compañía y lo lúdico del mismo para intentar despojarlo de emotividad alguna y convertirlo en algo puramente mecánico y deshumanizado. Deshumanizado al nivel de que cuando conoces a alguien, es muy probable que antes ya le hayas visto vestido, desnudo, la cola, el culo, sepas todas sus preferencias, lo que te va a hacer, lo que no y hasta a qué hora se va a ir de tu casa y en qué línea de metro.

Y bueno, no sé, podría seguir.

A veces siento que la mayor discriminación la vivimos desde dentro y que nos estamos convirtiendo en una especie de Replicantes sin individualidad ni emotividad alguna. Supongo que todo esto no son más que mis complejos hablando por mí; Y muchas veces me pregunto cómo vería yo todo esto si fuera un señor de metro noventa con tetas como mis muslos y un rabo que me llegase hasta las rodillas.

Pero de momento sigo siendo un chaval de medidas, proporciones y hombría modestas y con tendencia al refunfuñeo.

Aun así no dejaría de ser gay, ni por todo el oro (o los músculos) del mundo.

Anuncios

5 comentarios en “La Invasión de los Ultragays Homófobos

  1. Holiiiiii!!!!

    Ya te lo he dicho por todas las redes sociales, pero me ha gustado mucho este artículo. ¿De dónde opinas que viene toda esta mentalidad disimuladamente homófoba, por llamarla de alguna forma? Es que me da curiosidad saber por qué estará degenerando tanto.

    Muchos besos y ánimo. Seguro que por ahí hay alguien que piensa exactamente igual y que está buscando un chico como tú.

    1. Ay Marinita, muchas gracias! Me hace mucha ilusión que te haya gustado.

      Yo creo que es el resultado de una mezcla insana de falta de aceptación mezclada con filias no del todo buen resuelta. Creo que hay una parte que es como lo de las series de TV que tienen personajes gays pero no suelen dejarlos ir más allá de los 3 encorsetamientos que desarrollan para no violentar y que no resulten incómodos.
      Y por otro lado, está la imagen de EL HOMBRE: El patrón del varón heterosexual como imagen de “cómo debe ser un hombre” está muy presente todavía, y el querer dárselas de “parezco hetero” parece una especie de garantía de que se es “más hombre”. Es un poco como la costumbre de tratar despectivamente a un pasivo en la cama porque es “más mujer”.
      No sé si me explico, es complicado…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s