Me voy a casar.

Hace unos días se cumplían diez años desde que se aprobó el matrimonio entre personas del mismo sexo en España. Diez años!

Ante tal cantidad de tiempo uno pensaría que después de una década la situación de la comunidad homosexual estaría (y me vais a perdonar que utilice esta expresión) “normalizada”.

Hubiese pensado que diez años son más que suficientes para que un país asimile un cambio legislativo y acepte una realidad la cual nadie desconocía pero muchos ignoraban mirando hacia otro lado: el hecho de que existan ciudadanos de segunda a los que se les deniegan derechos constitucionales elementales por su condición sexual.

Pero no es así y no culpo de ello exclusivamente a la población hetereosexual.

Durante las últimas semanas he leído estos titulares:

Los homosexuales, los que más ataques sufren por odio en España.

Cuatro gais son agredidos en plena Gran Vía al grito de “maricones”.

10 neonazis atacan a una pareja homosexual en Madrid.

Y lo peor es que cada vez son más frecuentes.

Lo primero que siento es rabia, impotencia y frustración; lo que le pasaría a la mayoría de la gente, supongo. Pero lo siento, esto no son peleas sin más, no son meras trifulcas, Son DELITOS DE ODIO. Pero las veces que la policía hace el esfuerzo de coger a los agresores, anota su DNI y los deja sueltos de nuevo; dando al asalto el tratamiento de una mera pelea.

Sí, llevamos diez años pudiendo casarnos pero aun existe gente a la que no le parece una atrocidad que estas cosas ocurran. No estoy diciendo ni de lejos que las aprueben o acepten, sólo digo que, siguen (seguimos) mirando a otro lado y pretendiendo que las cosas son de otra manera, para no salir de nuestra zona de confort y no asumir que la comunidad gay sigue sufriendo persecución, burla y ataques. A diario.

Y nosotros somos uno de los países “privilegiados”, en los que no se nos lapida, tira desde campanarios, encarcela para toda la vida, o ejecuta.

Hace 20 años, en España, se pegaba a un maricón, se le humillaba y se le vejaba por su condición y había sonrisas socarronas, silencio y se miraba a otro lado. Ahora hay muchos que ocultan la sonrisa porque es políticamente incorrecta y no toca sonreír, pero siguen mirando a otro lado.

Y vuelvo a lo que decía antes: no es sólo responsabilidad de la población heterosexual.

Para evitar el odio es necesario educar. Y parte de esa educación recae exclusivamente sobre los hombros de la comunidad gay. La gente se lleva las manos a la cabeza porque haya habido agresiones homófobas en la Gran Vía de Madrid. En la Gran Vïa! Pero es que también las hay fuera de la Gran Vía y son igual de graves, o más incluso. Al fin y al cabo, la Gran Vía, por mucho que sea el epicentro maricón de España, no deja de ser epicentro de todo; con una concentración altísima de gente y, por estadística pura, también de locos y gente chunga.

Pero yo, como homosexual, no quiero poder sentirme tranquilo sólo cuando paseo por la Gran Vía, quiero pasear abrazado con mi chico en la Gran Vía y en Viillatortas de Arriba, en cualquier lugar. No sólo hacerlo, quiero hacerlo y no sentir los ojos en mi nuca, no ser el mono de feria en el circo de ningún retrógrado ignorante, no tener que aguantar debates absurdos sobre si debo o no debo poder casarme o tener una familia. La homosexualidad no es un delito, y hace más de dos décadas que dejó de considerarse enfermedad de ningún tipo y no tengo motivo alguno por el que aguantar que se pisoteen mis derechos y que esto se permita con cierta laxitud porque aun no se considere el miedo y el odio hacia los homosexuales algo intolerable, e inadmisible. Sin lugar al debate.

Y respecto al tema del Matrimonio. Digo lo mismo: pago mis impuestos, no soy un delincuente ni un enfermo y tengo que tener exactamente los mismos derechos que cualquier otro ciudadano. No necesito discutir si debe o no debe llamarse “matrimonio”. La palabra “matrimonio” no pertenece a la Iglesia. De hecho nació antes que el matrimonio religioso y era algo eminentemente civil y pagano, antes de que la religión lo monopolizara. Ajeno a con quién se acostaban o dejaban de acostar los contrayentes. Y, de hecho, las relaciones homosexuales no eran condenadas, castigadas ni juzgadas entonces.

Y parte de esa educación a la sociedad de la que hablaba es nuestra responsabilidad. Apenas se ven matrimonios y familias gays y lesbianas en TODOS los ámbitos. Sin un poso de vergüenza y fuera de las cuatro calles del centro de las grandes ciudades. Matrimonios o parejas gays besándose en los parques, de la mano en el supermercado, hombres hablando abierta, tranquila y naturalmente de su marido y mujeres de su esposa, en el trabajo, en el taller mecánico, en la consulta del médico…

Creo que esa es la educación que tenemos que dar al resto de la población, mostrarles a diario que las parejas gays EXISTEN. Existen más allá de la Gran Vía y existen más allá de los cuatro estereotipos que compran y vendemos. Estamos entre vosotros y venimos a comernos a vuestros hijos llevamos una vida exactamente igual a la vuestra. También tenemos un padre que se hace mayor, una hija que no come, un hijo que no estudia, una madre batallando contra un cáncer o una abuela con alzheimer. Somos iguales y por eso merecemos los mismos derechos y el mismo respeto.

Y yo, personalmente, sí, sí quiero casarme, sí me gustaría tener hijos, y la casa con huerto y uno o dos perros. Y no, no estoy cayendo en el absurdo y obligatorio discurso del heteropatriarcado y convirtiéndome en un eslabón más en el engranaje al que nos quieren someter y bla bla bla. Quiero casarme porque me gustaría, porque, tal y como me han contado muchos amigos que lo han hecho, hay algo que cambia, aunque lleves diez años viviendo con tu pareja sin haber estado casados. Porque me gusta la idea de hacer algo bonito con la persona a la que amo como símbolo de sello de nuestro amor y compartirlo con mis amigos y la gente que quiero. Y no entiendo por qué parece que haya que avergonzarse de eso.

Y porque creo que tengo el deber de hablar de mi marido a todo el mundo y colaborar de alguna manera a que dejemos de vivir acomplejados por nuestra situación y con la necesidad de buscar vías alternativas cuando a veces, la más fácil es la que realmente funciona. Y poner un grano más de arena para educar a la sociedad e intentar hacer un lugar mejor para la gente en mi situación y la que venga detrás.

Y porque me gustan las bodas, leñe.

La foto la hice en la boda de Luisito y Joaquín. Una de las parejas más bonitas, nobles y valientes que he conocido jamás.

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Un comentario en “Me voy a casar.

  1. adelante, yo uso el mi marido justo por lo que comentas :visibilidad. Aunque a veces tengo que usar pareja debido a que vivo en una ciudad un tanto peculiar y nunca se con quien estoy hablando 😦

    me ha gustado bastante tu blog, volveré

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