666

Este ha sido un fin de semana muy japo-cañí…

El jueves vino a la escuela de idiomas una chica japonesa a conversar con nosotros en japonés, se llama Nao. Mi estupenda profesora, que invita a la gente pero luego se deshace de ella con mucho arte, nos dijo que la pobre nipona no tenía a nadie en Madrid que le enseñara la ciudad y que si había algún voluntario y, evidentemente, me faltó tiempo para ofrecerme. Así que he pasado el fin de semana ejerciendo de guía turístico.

El viernes I-san y yo fuimos a buscar a Nao-san a su hotel y la llevamos a ver mogollón de cosas (dios, qué dolor de pies…). No deja de fascinarme el funcionamiento de estos pequeñitos seres de ojos rasgados… Por ejemplo, prefería hacer fotos a los monumentos solos, sin salir ella en las fotos ni nadie, o llegaba a ser TAN modosita que si escuchaba que hablábamos de alguna guarrerida española pedía rápido que cortáramos el tema, pobre… si llega a estar presente cierto día

La llevamos de tapeo y a tomar un chocolatito con churros a San Ginés y se quedó maravillada (o eso dijo, que con estos nunca se sabe…).

El sábado, como era previsible, decidí costrear en la cama hasta la una de la tarde con mucho arte, así que no fui a hacer compra y tengo mis serias dudas acerca de qué narices voy a comer esta semana… Después de levantarme y quitarme las legañas, me fui a comer a casa de mis tíos, que es triste, pero me invitan a comer más que mi padre. Y comí calentito y con cuchara por una vez; que no es que sólo me limite a comer zanahorias crudas ni nada de eso entre semana, pero bueno, para mí sólo, pues me da pereza cocinar estofados, cocidos, lentejas y demás cosas pucheriles.

Por la tarde fui a casa de mi señor profesor de canto a que me diera una buena lección, y me perjuró estar muy emocionado con mis grandes progresos. Ahora se supone que soy barítono… pensareis que esto es un pitorreo, pero es que lleva su tiempo encontrar la tesitura en la que un cantante se encuentra de verdad en su sitio.

Después de eso, fui de nuevo al encuentro de I-san y otros miembros de la friki-troupe de la E.O.I para darle otro garbeo a Nao-san. El cuadro era bastante pintoresco, porque estábamos, por un lado I-san y un servidor, por otro Nao-san, por otro E-san y A-san que son dos jovencitas de 18 años, góticas y flipadas con todo lo dark y visual. D-san, un chico exageradamente homosexual que vive obsesionado con cepillarse cualquier especimen de varón asiático que se le ponga a tiro y R-san, que es un gaditano, residente en Madrid, bastante majete.

En fin, fuimos a cenar al Toppolino, a comer bien de grasazas y a reventar, que para eso es buffet libre. Y luego llegó el momento “qué hacer después”, las góticas querían ir al 666, un antro gótico, y, evidentamente, Nao-san no iba a entrar allí, así que R-san y D-san se llevaron a Nao-san a “La Comedia” un antro casi aun peor, de funky lleno de negratas que se creen Jay-Z y Beyoncé, y como I-San había prometido a las otras dos acompañarlas al 666, me solidaricé con ella y para allá que me fui.

… no tengo palabras.

He de reconocer que la música que escuché me gustó bastante (hasta que llegó el momento Héroes del Silencio que fue bastante WTF??) . Pero la fauna… había bastante gente disfrazada, porque era carnaval, y simplemente la idea “gótico disfrazado” tiene que llegar a vuestra cabeza para que os imaginéis qué era aquello.

Había un grupo de orangutanes (de los cuales, a alguno que otro, me lo hubiera beneficiado, las cosas como son) con botas militares, pantalón corto de camuflaje, camisa ajustada blanca y corbata, con caretas en su cogote y todos rapados que bailaban “pisoteando” digamos, y nos hicieron a I-san y a mí, de una manera muy gentil, los pies papilla. Luego, además, E-san y A-san nos dejaron solos la gran parte del tiempo y no sé cómo nos las apañamos, que conseguimos estar justo en el centro de la pista, I-san con su jersey de rayas rosa y yo con mi camiseta roja y mi mochila y los dos con cara de estar pasándolo divinamente. Encima, cuando llegó mí único momento esperanzador, el de ir a la barra a por la consumición, me dejé aconsejar por nuestras amigas y tomé un “muerte súbita nivel 5” (según baja el número del nivel, más fuerte el cóctel). Yo, ante semejante nombre, pensé que el nivel 5 no estaría tan mal, a fin de cuentas, se llamaba “muerte súbita” y estaba en un tugurio gótico; pues bueno, primero: aquello parecía un vaso lleno de menstruación. Segundo: era la cosa más empalagosa y dulce que jamás he bebido. Tercero: con esa gente, bailando de semejante manera, me derramé el “muerte subita nivel 5” encima chopocientas veces y eso era MUY pegajoso… Así que ahí estaba: con mi amiga de rayas rosas, unos rapados machacándome los juanetes, bebiendo zumo de pequeño pony y con techno-metal alemán como banda sonora. (indescriptible).

A la una cerraban aquello, que después es una sesión disco-gay (que yo me imagino a los camareros quitándose los cueros y poniéndose lycras y demás cosas, así como muy deprisa, entre sesión y sesión, como Madonna en los conciertos) y salimos.

E-San y A-san desertaron e I-san y un servidor fuimos al encuentro de Nao-san, R-san y D-san. (ya, lo sé, siento usar tanto -san, pero es mi blog y me lo llevo hago lo que quiero).

Dejamos a Nao-san en su hotel, que la habían dado a probar una cachimba e iba medio ciega, y deambulamos hasta encontrar algún sitio. Llegamos a Lavapiés y buscando, sólo encontramos un sitio, con un portero muy raro y sin ventanas, puerta de madera, todo muy opaco… Pensamos que era un puticlub, y pasamos de largo, pero de repente vimos entrar a alguien y al grito de I-san de “mirad, entra gente normal!” y bajo la atenta mirada de compasión del portero, nos metimos dentro.

Al final resultó ser un sitio super chulo, ponían mucho 50’s, surf music, tenían puesto un DVD de una peli de Elvis subtitulada en japonés y la decoración molaba. Además había un tío muy mono…

D-san recibió una llamada de un chino salido (literal y verídico) y se marchó con la esperanza de poder probar rollito de primavera esa noche y nosotros nos quedamos allí. R-san comenzó tareas de aproximamiento a I-san contando chistes bastante malos y sin gracia y hablando por los codos y yo contaba chistes mucho mejores, que a contar chistes absurdos nadie me gana.

En una de estas, cuando me acerqué a la barra a pedir unas cervezas, el chico mono me habló, me preguntó dónde me había comprado la camiseta que llevaba, me dijo que era muy bonita, y bla bla bla. Yo le dije dónde la había comprado, hice alguna de mis típicas bromas y chascarrilos absurdos que todo el mundo ríe y me volví donde estaban estos dos. I-san me dijo que descaradamente el tío quería ligar conmigo, pero como yo soy medio gilipollas, medio tonto y muy pavo, pues no me atreví a decir nada, así que me largué igual que había entrado.

Y nada, después de eso, acompañé paseando a I-san a su casa y me volví (a R-san ya lo habíamos dejado por el camino).

Y el domingo, vegeté, asqueé, me quejé, aborrecí el trabajo, las mañanas de los lunes y las tardes de los domingos, vi un DVD de Tokyo Jihen y ya está…

La semana volvió a comenzar…

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4 comentarios en “666

  1. joder, que ganas de salir de fiesta, estoy hasta el culo de examenes -_-U

    en cuanto al tío de la barra… el muerte subita nivel 5 ese debía tener mucho alcohol, pero mucho, para que te largaras por donde habias venido , no? xD o soy el unico que huye cuando está boracho? o.o xD

  2. Nanyu: No puedo, soy incapaz, vivo empanado y acongojado… PERO, fíjate cómo son las cosas, que siempre llega algún “avivado” para remediarlo.

    Puf!: Que te sea leve, yo no sabría qué decirte… pero más bien suelo tender a huir siempre.

    Fanmakimaki: Pues parecía estar en la gloria bendita…

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